Jueves, 25 de junio de 2009

Mes de junio, mes del padre y del campesino; pero, sin tapujos, puedo gritar a los cuatro vientos que también es el mes del abuelo; del abuelo, porque el abuelo era padre, campesino y abuelo… El abuelo que con sus sesenta,  setenta, ochenta o noventa años era el máximo pilar de la familia. Él era el consejero por excelencia, él era el orientador y a él acudían tanto hijos como nietos, y nunca los dejaba partir con las manos vacías, porque él, también, era el proveedor.

Por eso, hoy quiero resaltar la memoria del abuelo Nicanor; porque todavía los cascos de su mulo resuenan en el camino real y la brisa del Caribe parece consolar a los viejos matarratones que  lloran reclamando su presencia; y el viejo rancho, rancho que añora lo que fue, se hunde en el pasado evocando la tibia convivencia de nietos y de seres que nunca volverán.  

Abuelo Nicanor, de tu propiedad, dabas a cada hijo un pedazo de tierra para la labranza; a cada nieto, de tu sonrisa, la carnada del cariño; a tu fiel esposa y compañera, tu inseparable Rosa Petrona, de tu corazón, lo que el corazón entrega cuando amor recibe;   y a todos dabas, porque para todos tenías.

Y la paz se percibía en la fragancia del campo, en el persistente cacarear de gallinas ponedoras,  en el relinchar del potro virgen de doma, en el insistente berrear del hosco recentín y en el melodioso trinar de las canoras entre la frondosa vegetación del viejo “Arroyo Nuevo”.

Abuelo Nicanor, tú fuiste el último gran roble con la edad sin tiempos, en tiempos sin edades; y, sin pensar que sobrepasabas los noventa, te sorprendió la muerte mientras cabalgabas en el lomo de tu mulo y en el lomo de tus compromisos sin plazos perentorios... Abuelo Nicanor, contigo se acabaron los buenos  tiempos de hombres incansables.

Hoy en día, hombres como tú, con la edad laureada por el tiempo, madurada por el trabajo y enaltecida por la experiencia; son apartados y calificados como personas de la tercera edad o como adultos mayores; marginándolos a la soledad sin límites y a la ineptitud sin compasiones.

Abuelo Nicanor… Llegaste en el mejor tiempo para ti y para los tuyos; y te fuiste llevándote entre lágrimas y nostalgias los grandes tiempos de la vieja gerontocracia.

Abuelo Nicanor… Gracias… Mil gracias por tu constancia y tu nobleza. Pero nunca se te ocurra mirar, a este ingrato mundo, por un hoyito.

 

Escribió FERMÍN MOLINA

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Publicado por 7771947 @ 16:09
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